Cuaresma: Un camino de la mano de la Virgen

13/02/2018

Si Cristo es el “Varón de dolores” (Is 53,3) que ha reconciliado al hombre “por la sangre de su cruz” (Col 1,20), María es la “mujer del dolor”, que Dios ha querido asociar a su Hijo, como madre y partícipe de su Pasión.

Pidamos su intercesión a las puertas de una nueva Cuaresma. Es también tiempo oportuno para crecer en nuestro amor filial a Aquella que al pie de la Cruz nos entregó a su Hijo, y se entregó Ella misma con Él, por nuestra salvación. Este amor filial lo podemos expresar durante la Cuaresma impulsando ciertas devociones marianas como el rezo del Santo Rosario, especialmente los misterios de dolor.

La liturgia nos presenta en este tiempo a la Virgen como modelo de creyente que medita y escucha la Palabra de Dios. Nuestra Madre y Señora de la Merced, obediente a la voluntad del Padre, camina también Ella hacia la cruz. En el camino cuaresmal, la figura de María aparece con sobriedad, con discreción, con sigilo, casi de puntillas. El centro de la cuaresma es la profesión bautismal y los compromisos que ella supone. En definitiva, el centro cuaresmal es la preparación a la pascua. En el camino, como una más, pero como creyente significativa, está María. No es un adorno cuaresmal. Es un modelo. Ella ha recorrido también ese camino. Como lo recorrió su Hijo, como lo tiene que recorrer cualquiera que sea seguidor de Cristo.