De junio a septiembre: Siempre María

30/07/2019

Queridos Hermanos: os escribo esta carta el 11 junio,  cuando acabamos apenas  de finalizar los cultos al Santísimo Sacramento y a la dulcísima Virgen Inmaculada del Voto, aunque con la vista puesta ya en el Triduo a Nuestra Madre y Señora de la Merced. Pero junio es, por excelencia, el mes del culto eucarístico, así es que permitidme que me centre en él y en lo que supone y representa para una corporación como Pasión.

En la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo de 31 de mayo de 2018, el Santo Padre recordó en su cuenta oficial de twitter @Pontifex que: ”En la Eucaristía está todo el sabor de las palabras y de los gestos de Jesús, el gusto de su Pascua, la fragancia de su Espíritu”

Quiero subrayar enseguida que nuestra Hermandad es, primero y ante todo por voluntad propia, sentimiento, definición y reglas, Archicofradía Sacramental; y después, todo lo demás.

Y el carácter sacramental se lo dará, en mayor o menor medida, no el título o la denominación de sus cargos, sino el compromiso de los hermanos en la participación vivencial en los cultos de adoración al Santísimoen cuantas ocasiones se presenten: primeros viernes de mes, turnos de “Luz y Vela”, oración y meditación ante el Monumento del Jueves y Viernes Santos, en la Exposición previa en novena y en los triduos de junio y septiembre;  y por supuesto, también  en las procesiones del Corpus tanto de la Catedral como de la Parroquia. Ahí, en lo sustantivo, es donde debe ponerse el acento sobre la mayor o menor “sacramentalidad” de nuestra Hermandad, y no en lo meramente accidental.

Conviene recordar que las Hermandades tienen en su origen un mandato específico o, si se quiere, un cometido muy concreto; el de potenciar elCULTO. Como fruto del trato con el Señor (en la Eucaristía y en su Pasión), nace el amor a los demás: CARIDAD. Y Para vivir el culto en plenitud, es necesario un compromiso de FORMACIÓN.

Sólo conociendo, amando y viviendo el culto, seremos realmente conscientes de que la conservación patrimonial y el respeto a las formas son necesarios por su sentido litúrgico y devocional. Todo ello al servicio siempre de una auténtica vida de hermandad, donde el respeto mutuo sea la norma y no la excepción y donde los valores cristianos (ayuda material y espiritual, reconciliación, generosidad…) se practiquen asiduamente y no de forma esporádica u ocasional. Con esa forma de proceder –individual y colectivamente- estaremos contribuyendo a la evangelizaciónde cuantos nos rodean, que es otra de las obligaciones de un católico, máxime si pertenece a una Hermandad como la nuestra.

No quiero alargarme demasiado en esta carta, pero no puedo dejar de citar el mensaje de los obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, con motivo de la festividad del Corpus Christi y del Día de la Caridadde 2018, en el que nos instruyeron sobre “Compromiso social y caridad transformadora”, recordándonos que La Solemnidad del Corpus Christi nos invita a contemplar y celebrar el gran don de la presencia real de Cristo vivo entre nosotros en su cuerpo entregado y en su sangre derramada para la vida del mundo. De manera muy especial, es una llamada a entrar en el misterio de la Eucaristía para configurarnos con Él. Este misterio, en palabras de Benedicto XVI, “se convierte en el factor renovador de la historia y de todo el cosmos [pues], en efecto, la institución de la Eucaristía muestra cómo aquella muerte, de por sí violenta y absurda, se ha transformado en Jesús en un supremo acto de amor y de liberación definitiva del mal para la humanidad”.

A la luz de este misterio de amor renovador, liberador y transformador, que es la Eucaristía, invitamos a todos los cristianos, en particular a cuantos trabajáis en la acción caritativa y social, a un compromiso que sea liberador, que contribuya a mejorar el mundo y que impulse a todos los bautizados a vivir la caridad en las relación con los hermanos y en la transformación de las estructuras sociales”.

Junio es también  el mes en que procuramos exteriorizar el compromiso de nuestra Hermandad y nuestra Fundación con la caridad, organizando las JORNADAS SACRAMENTALES, que son en definitiva un acto de convivencia de cuantos queremos colaborar en ese deber social del que hablan los obispos.

Las jornadas nos permiten allegar recursos en un porcentaje significativo para abordar algunos de los proyectos más sensibles de nuestra Fundación. Desde aquí quiero dar las gracias –una vez más- a cuantos hacen posible esa labor de caridad, aportando trabajo, dedicación, tiempo, sonrisas,  recursos y, sobre todo, convencimiento y cariño por el objetivo que se persigue. LA CARIDAD entendida como amor a los más desfavorecidos de la sociedad.

Y termino como empecé, rindiendo público homenaje de devoción a la Santísima Virgen, que veneraremos de nuevo en septiembre, en la querida advocación de Nuestra Madre y Señora de la Merced. Que Ella nos guie siempre en el camino hacia el Señor.

José Luis Cabello Flores