Muchas luces y algunas sombras

16/04/2017

La luz más deslumbrante, la más intensa y vivificadora, es la que da sentido a nuestra fe: ¡Cristo resucitó!  A  todos, mis mejores deseos de una feliz Pascua de Resurrección.

Cuando aún tenemos en nuestras retinas las bellísimas imágenes visuales de los acontecimientos vividos desde el pasado día 7, que todos habremos interiorizado de forma similar por compartir las mismas creencias y una misma Hermandad, permitidme que os recuerde esas vivencias desde mi perspectiva personal.

 

Nuestra Madre y Señora de la Merced lució majestuosa en la Eucaristía celebrada a sus plantas el Viernes de Dolores y nos llenó de dulzura y esperanza en el corto y devotísimo traslado a su paso.

Esa misma noche, en la intimidad acostumbrada, se bajó al Señor desde su altar de plata para, una vez vestido por su camarero/sacerdote,  presentarlo al día siguiente  en esperado besapié, a cuantos lo veneran con respeto y admiración. Vestido ya con la túnica ofrendada por todos los miembros de la Junta de Gobierno, copia de la que figura en el grabado de Tortolero de 1747, se permitió a cuantos colaboradores de priostía trabajaban en el montaje de pasos, limpieza de Custodia y enseres, etc., la entrada en la Capilla Sacramental, para que pudieran contemplar la imagen del Señor en el más absoluto silencio. Con ellos entraron también Jesús Rosado, el bordador de la túnica, su esposa y sus dos hijos. Cuando nos disponíamos a rezar, oímos  los sollozos de Gonzalo Rosado, de 11 años, que no pudo contener la emoción ante la presencia imponente de Nuestro Jesús de Pasión. El silencio se hizo aún más evidente y un escalofrío recorrió como un rayo el cuerpo de casi todos los que allí nos encontrábamos.

Me atreví a pedir que ofreciéramos nuestra oración para que, todos, consigamos acercarnos a Él con la misma capacidad que Gonzalo para emocionarnos en Su presencia.  En ese momento ya no era sólo Gonzalo quien lloraba; lo hacían también su hermano Pedro Pablo de 16 años y la madre de ambos. Y bastantes más de los que allí nos congregábamos.

Le  rezamos al Señor;  estoy seguro de que lo hicimos con fe redoblada y casi musitando la oración; con los ojos empañados y el corazón encogido.  Gonzalo, tú aún no lo sabes, pero fuiste instrumento del Señor para remover nuestras conciencias.

El sábado y el domingo, días 8 y 9, vivimos el besapié del Señor, que tantos elogios despertó en medios de comunicación y entre los fieles que se acercaron a nuestra Capilla para rezarle. Los testimonios gráficos son especialmente elocuentes. Como lo es también el artículo publicado por Paco Robles “CUANDO TODO ESTÁ EN SU SITIO”. “En el Salvador, con la mañana soleando las azoteas. Jesús de la Pasión revestido de Corinto y plata. Esa túnica pide estreno y pide calle, pide luz sacramental de la tarde del Jueves Santo, que no se hizo esa luz para colocarla debajo del celemín. Esa túnica pide péndulos imaginarios cuando se mueva dulcemente para reflejar la dulzura infinita de esta Jesús que nos rompe el alma al mismo tiempo que nos va cosiendo las heridas”.

El lunes 10 celebramos, como es tradicional en nuestra Hermandad, la Eucaristía presidida por el Excelentísimo y Reverendísimo D. Juan José Asenjo, Arzobispo de Sevilla, seguida del traslado solemne del Señor de Pasión a su paso procesional.  El acto de culto, que congregó a hermanos y devotos, aunó recogimiento y masiva asistencia, sin que ésta restara fervor y espiritualidad al primero.

El miércoles es un día de vivencias internas, en la que se abren las puertas a cuantos colaboran con el montaje de la cofradía, pero que cierra las ventanas a la curiosidad ajena. Los priostes y colaboradores dan retoques finales a los pasos; hay alguien que con el cariño y el primor de siempre, da puntadas sobre paños y manteles de altar; el vestidor mima con sus manos las blondas y encajes en torno a la belleza de la Virgen; otros se afanan en limpiar la plata que queda para que el Monumento relumbre más que el sol; hay personas que se ocupan del Señor de la Humildad, que baja de su altar para enseñarnos que, como decía Santa Teresa, con paciencia todo se alcanza. Se ponen flores y joyas. El equipo de cofradía ajusta horarios, repasa insignias, asigna puestos, recompone tramos; hay hermanos llegados de Toledo, o de Madrid, o de Valencia, o de tantos sitios, que ponen sus manos y sus desvelos al servicio de lo que la Hermandad necesite en cada momento. Y ahí están, haciendo un poco de todo.

Poco a poco se van completando los trabajos y, a medida que eso se consigue, la Iglesia se va quedando sóla. Es el momento en que este Hermano Mayor aprovecha para acercarse a los pies del Señor y de la Santísima Virgen, para hacerle varias peticiones concretas: la primera, pedirle por la pronta y mejor recuperación de un componente del equipo del capataz, que el Señor está probando en la enfermedad. Sé que el Señor le dará lo mejor para él

La segunda, pedirle también por Rafa, estudiante sevillano que, en Madrid, combate decidida y valientemente con un linfoma que le ha salido al encuentro en su vida. Y pido por sus padres, que depositaron toda la fe en el Señor de Pasión, en la esperanza de que Rafa ganará por goleada a su intruso.

Mi tercera petición fue por nuestra Hermandad, para que la convirtamos en un lugar donde el amor fraterno esté por encima de cualquier posible diferencia formal y, de esa forma, seamos ejemplo de vida cristiana. Los hechos son siempre más elocuentes que las palabras.

Y hecho eso, salgo de EL SALVADOR, volviendo varias veces la mirada. Ellos se quedan bajo la custodia de los vigilantes jurados. Yo me quedo con la protección de Ambos.

Y llega el Jueves. El deseado Jueves Santo. El día del Amor Fraterno. Para empezar me encuentro con el bellísimo artículo de Alberto García Reyes, Pregonero de la Semana Santa de Sevilla que, en su artículo LA MANIVELA DE PASIÓN, nos dice cosas que nos encogen el corazón. “Sentí que el Tiempo, con mayúscula, me iba descontando vida en cada giro. Yo no quería que aquello acabase nunca. Cada vuelta era un siglo perdido. El Señor acercándose. ¿Cómo lo explico? Yo quería tenerlo cada vez más cerca, pero sabía que cuando lo tuviera encima se habría acabado el sueño. La tentación de mover la manivela en el sentido contrario me acechaba. Ven, ven a mí, pero no termines de venir nunca, pensaba. Lo tuve tan dentro de mí…”.

La mañana radiante. El Salvador, espectacular. Los pasos del Señor y de la Virgen –en mi opinión- insuperables. Y desde primera hora, visitas constantes. De autoridades religiosas y civiles; de instituciones públicas y privadas; de hermandades, de hermanos y devotos; de sevillanos y foráneos. Y me toca el grato deber de atender a unos y otros; lo hago encantado aunque el cansancio me vaya pasando factura.

La Misa de la tarde sentida y profundamente vivida por los asistentes. Y la procesión con el Santísimo hasta el Monumento, toda una manifestación de adoración eucarística.

En el mismo momento en que comenzó a organizarse la cofradía, tuve la oportunidad de dirigirme, como Hermano Mayor, a cuantos llenábamos el templo. Recordé que el día del Amor Fraterno, era posiblemente el más grande del año para un hermano de Pasión, ya que podemos adorar al Señor presente realmente en el Sagrario y venerarle en su bendita imagen de Pasión, que unos minutos después iniciaría su caminar por las calles de Sevilla y por los corazones de cuantos quieran entender su magisterio de entrega, de humildad, de mansedumbre, de salvación y de misericordia.

Recordé algunas normas de comportamiento en la calle y recordé que la estación de penitencia no finaliza hasta que se rezan las preces finales.

A partir de ese mismo momento pedí a todos que nos cubriésemos, puesto que estaba constituyéndose la cofradía para realizar su salida procesional. Fue todo un ejemplo de cómo la cofradía, formada y en silencio, contemplaba la salida de los distintos tramos y del paso del Señor, hasta que a cada uno nos llegó el momento de salir a la plaza. Repito, toda la cofradía formada desde el principio.

La cofradía en la calle, según todos los testimonios recogidos, ejemplar. Un orgullo. Sin embargo, las sombras vienen a la entrada en El Salvador. Muchos hermanos, sin motivo que lo justifique, se marcharon al entrar su tramo, sin esperar cubiertos la llegada de la Virgen y el rezo de las preces finales. Es una actitud impropia de un Hermano de Pasión, puesto que representa una falta de respeto a los hermanos que procesionan después que ellos, pero sobre todo, a Nuestra Madre y Señora de la Merced.  Al igual que la cofradía está formada y cubierta desde el principio, esperando todos los hermanos su turno para salir, así deben permanecer los que van llegando, a la espera de que entre el paso de la Virgen y se concluya con el rezo de las preces finales. Los hermanos que se marcharon antes, han de saber que no completaron la estación de penitencia.

Tampoco es de recibo que, en determinados puntos del recorrido, quien hace estación de penitencia, actúe de fotógrafo cercano de algún hermano concreto.

El Viernes Santo amaneció con la agradable sorpresa de la portada del ABC, recogiendo la precisa fotografía del Señor de Pasión nada más bajar la rampa. Y en el interior, la HISTORIA DEL CORAZÓN de Paco Robles, en la que cuenta que  “…el cronista se encerró consigo mismo en la Iglesia del Salvador. No vestía la túnica de nazareno por fuera, pero el ruán iba por dentro”.

Luego vendría la visita al Monumento de nuestra Capilla para adorar al Santísimo Sacramento. Otra sombra más. Fuimos muy pocos hermanos y algunos fieles, los que nos acercamos a adorar a Dios. Una hermandad no es más sacramental porque se repita eso en sus títulos o se nombren cargos con tal denominación, sino por la afluencia masiva a los cultos al Santísimo Sacramento. De nada sirve proclamar la sacramentalidad de la hermandad, si no se traduce en presencia activa en los cultos a Jesús Sacramentado.

Hoy domingo culminamos el Triduo Pascual: Pasión Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Celebremos la Pascua asistiendo a la Misa organizada para todos nosotros por la querida Hermandad del Amor. Os adelanto que será, como lo fue el pasado año, una Eucaristía bellísima.

Y mañana lunes, volveremos a venerar a nuestros Sagrados Titulares en el traslado desde sus respectivos pasos a nuestra Capilla Sacramental.

Que el Señor de Pasión y su bendita Madre de la Merced, nos bendigan siempre.

José Luis Cabello Flores

Hermano Mayor