Síntesis Histórica

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sintesis001Durante el segundo tercio del siglo XVI se fundó en el Convento Casa Grande de la Merced Calzada de Sevilla -actual Museo Provincial de Bellas Artes- una hermandad penitencial bajo el título de los Martirios y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. En una escritura de 1579 se asegura que la cofradía radicaba en el citado cenobio mercedario al menos desde 1549; otro testimonio tardío, fechado en 1696, afirma que su primitiva Regla había sido robada, por lo que ignoramos la fecha exacta de su aprobación. Tal pérdida justifica que el 6 de marzo de 1557 los Oficiales de la hermandad otorgaran escritura pública dando poder a Juan de Bustamante, escribano de Su Majestad, para que en su nombre pudiera “pedir y sacar por fe y testimonio el trasunto de ciertas bulas y capitulaciones que tienen los hermanos de la santa hermandad y cofradía de la Pasión y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo en la villa de Valladolid y sobre ello haga los pedimentos, protestaciones y diligencias eclesiásticas y seglares que se deban…”.

Dichas disposiciones debieron acometerse con prontitud, pues en abril de 1557 nuestra hermandad ya había trocado su título por el de la Sagrada Pasión de Nuestro Redentor Jesucristo, a imitación de la vallisoletana; tal vinculación explica que en el capítulo primero de la Regla de 1808 -la más antigua que se conserva en la actualidad- se recoja “que en el mes de octubre del año que pasó de mil quinientos treinta y uno, ciertos buenos hombres de la collación del Señor Santiago de la Villa de Valladolid, consultaron con el Cura, Beneficiado y Sacristán de dicha Iglesia que habían por nombres Mateo Fernández, Cosme de Pesquera y Juan de Rojas, y con el Provisor Fuente Bellida, los cuales comenzaron y establecieron esta nuestra Hermandad, obra tan santa y buena”. Ciertamente, de dicha lectura puede inferirse, al contrario de lo que hasta este momento ha venido repitiendo la historiografía clásica, que la fecha de 1531 incumbe a la constitución de la Hermandad de Pasión de Valladolid, y que, por tanto, los citados nombres no corresponden a los fundadores de la corporación sevillana, sino al cura, beneficiado y sacristán de la parroquia vallisoletana de Santiago. Quizás, el inspirador de la unión existente entre estas dos Cofradías castellana y andaluza fuese Fernando de Valdés, quien tras ejercer la presidencia de la Real Chancillería de Valladolid (1535-1539) fue nombrado Arzobispo de Sevilla en 1546.

Sabemos que, desde sus orígenes, la hermandad mantuvo gran vinculación con estamentos y colectivos diversos de la sociedad sevillana, especialmente con la Orden de la Merced Calzada de Sevilla, por residir durante varios siglos desde su fundación en el convento mercedario. La comunidad de frailes mercedarios, en unión de las Cofradías de los Evangelistas y de Pasión organizaron en 1570 una procesión de rogativas impetrando el beneficio de la lluvia; en la comitiva participaron las imágenes del Cristo, Nuestra Señora de la Merced y San Marcos, amén de “mucha disciplina y gran derramamiento de sangre e lágrimas”, logrando con creces el fruto deseado, pues tras recogerse el cortejo, “fue tanta el agua e tan grande e los truenos y los relámpagos que las calles iban llenas de pared a pared”.

También existe constancia de que en diciembre de 1573, la hermandad otorgó dos escrituras por las que daba poder cumplido a una serie de Diputados, vinculados almundo de la marinería, permitiéndoles admitir y recibir cofrades de las flotas, armadas y provincias de Hispanoamérica, siempre que cumplieran con los requisitos exigidos por la Regla, y con el fin de que éstos participaran de las mismas gracias e indulgencias que disfrutaban los cofrades de Sevilla.

Si bien la fecha de fundación de la hermandad sigue siendo una duda, sí que encontramos continuas referencias al año de creación de la corporación en numerosos documentos históricos. Cabe señalara que en el manuscrito redactado en 1579 por Francisco de Sigüenza, a propósito de la “Traslación de la imagen de Nuestra Señora de los Reyes y cuerpo de San Leandro y de los cuerpos reales a la Real Capilla de la Santa Iglesia de Sevilla”, la Hermandad de Pasión figura tras la de San Juan Bautista y delante de la Concepción de Regina, Angustias del Convento Casa Grande del Carmen, Valle, Vera-Cruz y Cristo de San Agustín, denotando así la notable antigüedad de sus primitivos Estatutos.

De la primera Regla que tenemos noticia concreta se aprobó el 12 de marzo de 1598 por el Licenciado Pedro Rodríguez, Provisor y Vicario General de Sevilla y su Arzobispado. Desconocemos el contenido de su capitulado, pues dichas Constituciones, que estuvieron vigentes hasta 1808, se perdieron en el transcurso del siglo XIX.

montanes002En torno a 1610-1615, la hermandad debió encargar la hechura de Nuestro Padre Jesús de la Pasión al escultor Juan Martínez Montañés. Aunque existe documento que confirme esta autoría, existe el testimonio del mercedario fray Juan Guerrero quien afirma que el Nazareno de Pasión “…es obra de aquel insigne maestro Juan Martínez Montañés, asombro de los siglos presentes y admiración de los por venir…”. Dato que se corrobora si tenemos en cuenta el enorme predicamento de que gozaba en la Orden mercedaria fray Juan de Salcedo y Sandoval, a la sazón cuñado de Montañés, quien pudo servir de intermediario entre la corporación y el artista.

Debido a la pérdida de buena parte del archivo a comienzos del siglo XIX, no es posible reconstruir con precisión su devenir histórico durante la Edad Moderna. Sí puede aportarse que el 22 de diciembre de 1766 se obtuvo del Papa Clemente XIII un jubileo plenísimo para celebrarse durante los tres días de Pascua de Resurrección, acompañado de fiestas matutinas. En 1779 se comenzaron a organizar unos ejercicios espirituales los cuartos domingos de mes; a pesar de ello, los cofrades percibían con claridad que la devoción a sus imágenes titulares se estaba entibiando, por lo que en 1789 decidieron trasladarlas con su retablo a una nueva capilla, la de San Antonio de Padua, perteneciente al patronazgo del veinticuatro Pedro Dallo, ubicada en el colateral del lado del Evangelio del templo mercedario. Poco antes, en 1787, el Mayordomo había declarado al Consejo de Castilla que la Hermandad “no tiene rentas, censos ni tributos, ni fincas algunas, ni más que las alaxas precisas para el culto de las Santas Imágenes… cuias funziones y otras que se hazen en la Iglesia y Capilla se costean a devoción de los hermanos y cofrades”.

A consecuencia de la terrible epidemia de peste amarilla que asoló a la ciudad en 1800, la nómina de los cofrades de Pasión se vio considerablemente mermada, entrando la Hermandad en un estado de franca decadencia. No obstante, en 1806 pudo redactarseuna nueva Regla con treinta y tres capítulos, que fue aprobada por el Real y Supremo Consejo de Castilla el 25 de abril de 1808; es entonces cuando por vez primera hemos encontrado incorporada la advocación de Nuestra Señora de la Merced al título de la corporación.

La Invasión Francesa terminó por sumir a la hermandad en la más triste postración. Ocupado el Convento de la Merced, se perdieron entonces los pasos, alhajas, documentos y los más diversos enseres, impidiendo el celo de algunos frailes que también se destruyeran el altar y las imágenes. Los titulares pasaron a la iglesia de San Julián, de donde, de nuevo, volvieron al Monasterio mercedario en 1818. El año 1819 se caracterizó por una intensa actividad: se celebró un Septenario en honor de la Virgen, no se pudo realizar la estación de penitencia a causa de la lluvia, se consiguió del Papa Pío VII la gracia de que fuera privilegiado el altar del Señor de Pasión y se erigió a expensas del Hermano Mayor un retablo para las imágenes que se instaló en el crucero del lado de la Epístola.
Sin embargo, dicho resurgir fue pasajero, de modo que se pierde todo rastro de vitalidad hasta 1833, cuando volvió a procesionar llevándolo todo prestado, a excepción de las imágenes del Señor y de San Juan; el paso del Nazareno era el de la Columna y Azotes, figurando como Dolorosa la de la cofradía del Niño Perdido en el paso de la Encarnación del barrio sevillano de Triana. Continuaba la vida corporativa aletargada, cuando en 1840 el Convento de la Merced fue exclaustrado y destinado a Museo de Bellas Artes. La imagen del Señor se depositó en el domicilio particular de uno de sus cofrades; la de la Virgen fue a parar a la Capilla de la Expiración (Museo) y la de San Juan a San Alberto, perdiéndose los pocos efectos que aún se conservaban.

Cuando la hermandad estaba a pique de extinguirse, la providencia quiso que algunos cofrades, entre los que figuraba el erudito José Bermejo y Carballo, decidieran restablecerla en mayo de 1841. Reunieron las imágenes en la parroquia de San Vicente, cuyo clero impuso que se colocasen en un altar portátil de paso a la sacristía, algo que no fue del agrado de los hermanos. De hecho, pocos días después, el 25 de junio de 1841, se mudaron a la parroquia de San Miguel, escogiéndose a tal fin la capilla de San José, donde estaba enterrado el célebre escritor Rodrigo Caro.

Puede afirmarse que a partir de entonces comenzó una nueva era de florecimiento para esta Hermandad de Pasión, que pronto lograría convertirse en una de las más señeras de la ciudad. Volvió a procesionar en 1842 llevando prestados los pasos y enseres; gracias a dicha salida penitencial, la imagen del Señor adquirió nuevos devotos y admiradores que ingresaron en la corporación. En pocos años lograron costear un lujoso ajuar litúrgico y procesional. Tras un frustrado intento para que el Gobernador Eclesiástico del Arzobispado les cediera una Dolorosa existente en la parroquia de San Ildefonso, un grupo de cofrades adquirió de su propio peculio en diciembre de 1842 una imagen mariana, obra anónima sevillana de hacia 1800, que ha sido cotitular de la Hermandad hasta 1966, cuando se bendijo la nueva Dolorosa de Sebastián Santos Rojas. Se trataba de una imagen de candelero para vestir que adquirieron varios cofrades de Pasión a finales de 1842, y que podemos catalogar como una obra anónima sevillana de comienzos del siglo XIX, que representaba a Santa Rosa de Lima y que conposterioridad fue reformada y restaurada en numerosas ocasiones. La Reina Isabel II concedió licencia a la hermandad en 1844 para poder realizar su estación de penitencia, si fuese necesario, el Viernes Santo, así como facultad para utilizar el color morado en las túnicas de nazarenos; la corporación, agradecida, le otorgó el nombramiento honorífico de Hermano Mayor, disfrutando desde esa fecha del título de Real.

ALTAR001El 12 de junio de 1868, la Hermandad de Pasión se fusionó con la Sacramental, Animas Benditas y Rosario de San Miguel, unión que tuvo escasa trascendencia pues, pocos meses después, la Junta Revolucionaria de Sevilla decretó el derribo de la parroquia, decidiendo la cofradía trasladarse a la iglesia colegial del Divino Salvador, que sigue siendo su sede canónica. Las imágenes se colocaron en los altares de San Fernando y San Cristóbal, sitos en la nave de la Epístola, y allí permanecieron hasta 1920, en que pasaron, de manera definitiva, al interior de la Capilla del Sagrario, al haberse fusionado en 1918 la Hermandad de Pasión con la Archicofradía Sacramental del Salvador. Como producto de dicha fusión, la Hermandad penitencial recibió todo un tesoro de gracias espirituales, un inmenso patrimonio artístico y unas dependencias adecuadas; en el calendario anual de cultos reviste especial importancia el Triduo que la corporación organiza en honor del Santísimo Sacramento y la Inmaculada Virgen del Voto, celebrando la Función Principal de Instituto en Pascua de Pentecostés.

En agosto de 1940 se declaró un incendio en el almacén donde se guardaba el paso del Señor de Pasión que había sido tallado entre 1903 y 1908. Tras efectuar la salida en andas y en el paso del Cristo del Amor, en 1943 el Señor de Pasión estrena en su estación de penitencia el nuevo canasto labrado bajo la dirección de Cayetano González. En 1950, la Hermandad adquirió un Cirineo, cuya cabeza y una de sus manos se atribuyen a la gubia de Juan de Mesa, mientras que el resto del cuerpo lo comenzó José Rodríguez Fernández Andes y lo concluyó Luis Ortega Bru, encargándose de su policromía Juan Miguel Sánchez; figuró en el paso hasta 1969, siendo sustituido al año siguiente por la espléndida escultura de talla completa debida a Sebastián Santos Rojas, que fue suprimida del paso procesional en 1974.
Anotemos también que el Señor de Pasión presidió en 1981 el Vía Crucis cuaresmal organizado por el Consejo General de Hermandades y Cofradías. El 19 de noviembre de 1983, el Vicario General de la Archidiócesis hispalense aprobó unas nuevas Reglas. Las que están vigentes en la actualidad datan de 2010.