Ayer, Montañés y la “Noche Oscura del Alma”

29/09/2015

José Gómez Palas. el Correo de Andalucía

 No es ni un espectáculo, ni una obra de teatro –a pesar de la presencia de actores– ni tampoco un concierto, ni un auto sacramental. Lo vivido anoche en la Colegial del Salvador tiene difícil catalogación artística. Podría decirse que es, sencillamente, uno de los actos más bellos, singulares y conmovedores que se hayan programado en los últimos tiempos en el universo de las cofradías. Una escenificación distinta, especial y única de la Noche Oscura del Alma, célebre poema del místico abulense San Juan de la Cruz (1542-1591), que se desarrolló en una iglesia del Salvador sin luz eléctrica, desprovista de megafonía e iluminada tan solo por «libras de cera» en un intento por recrear la atmósfera que debió vivir el imaginero Juan Martínez Montañés al gubiar la imagen del Nazareno de Pasión, obra cumbre del arte religioso universal.
Durante los aproximadamente 40 minutos que duró esta escenificación, los privilegiados asistentes –la entrada era libre hasta completar el aforo del patio de los naranjos del Salvador– realizaron un viaje en el tiempo para trasladarse a los comienzos del siglo XVII y ser excepcionales testigos del misterio que sucedió hace cuatro siglos cuando el imaginero nacido en Alcalá la Real esculpía la representación del Nazareno. José Luis Cabello, hermano mayor de la Archicofradía de Pasión, fue el encargado de dar la bienvenida a los asistentes en el patio del Salvador, y de impartir las oportunas instrucciones para el buen desarrollo de esta escenificación. Nada de móviles, ni de cámaras, ya que cualquier fogonazo de luz podría arruinar la ambientación tan especial que se trataba de recrear en la nave central de la considerada segunda Catedral de Sevilla.
Después de la alocución inicial del hermano mayor, los asistentes fueron conducidos al interior de la Colegial por dos figurantes vestidos de negro, «sombras del pasado», que portaban faroles de mano. Ya en el interior, las pupilas debían reaccionar y dilatarse para responder a la tenue luz. El Nazareno aparecía sobre el estrado levantado al efecto en estos días bajo la cúpula del Salvador para conmemorar los 400 años de su hechura, iluminado tan sólo por dos cirios encendidos, una iluminación natural que fue in crescendo con nuevos puntos de luz a medida que avanzaba la representación hasta hacer resplandecer el presbiterio y los altares laterales, en una metáfora de que «la luz de Dios nos llega a través de la mística».
En la escenificación, desarrollada íntegramente encima del presbiterio por la compañía Edeteatro, Martínez Montañés, encarnado por un actor, mantiene un bellísimo diálogo con el Señor de Pasión, un texto escrito expresamente para este evento por el escritor y articulista Paco Robles. A renglón seguido, una actriz, revestida de religiosa mercedaria, recita los versos del poema de la Noche Oscura del Alma con una ambientación sonora de música de capilla. La mística como camino para alcanzar la luz de Dios. Maravilloso.